Porque esquiar en familia es mucho más divertido, pero a la vez puede resultar un desastre. Unos consejos para disfrutarlo a tope.
Los niños pueden ser muy trabajosos para viajar. Su concepto del tiempo es diferente del de un adulto, por lo que el viaje hasta la nieve puede resultar bastante cansino. Es muy recomendable tenerlo todo listo antes de montarlos, para no hacerlos esperar, y llevar a mano comida y agua, por si algún imprevisto de carretera obliga a retrasar la llegada. También es muy útil distraerlos con música, juegos o juguetes.
Para sus primeros contactos con la nieve, hay estaciones de esquí que prevén estos viajes en familia, y cuentan en sus instalaciones con guarderías equipadas con baby-remontadores. También hay estaciones donde hay circuitos para padres e hijos (cuando son un poco más mayores). Y a la hora del propio patinaje de los niños, si son mayores pueden usar equipación infantil, cuyos alquileres son más baratos cuanto más pequeños. Consejo: no comprar ropa de esquí para ellos; crecen muy deprisa, y cada conjunto apenas le va a servir para dos veces. Mejor alquilar hasta que alcancen una cierta madurez y se estabilice su crecimiento.
Para los más pequeños, una de las alternativas más divertidas y seguras son los trineos para bebés. Son muy prácticos, rondan los 100 euros, tiene asiento de seguridad y un mango. Combinado con un buen casco puede ser una herramienta fantástico para un día inolvidable. Y, en cualquiera de todos los casos que hemos hablado, nunca jamás olvidar la crema de protección solar para niños, gafas de sol y sombrerito.









